Feliz 2026 - Luchocoach

Cuando las evaluaciones de fin de año no nos pertenecen

Cierra el año y, casi de forma automática, aparecen las mismas preguntas:
“¿Fue un buen año?”, “¿logré lo que debía?”, “qué me faltó para estar a la altura?”.
Muchas veces esas evaluaciones no nacen de la propia conciencia, sino de la comparación y la presión social.

Más que medir el año por resultados externos (dinero, estatus, logros visibles), puede ser más sano y honesto hacer un balance desde otra perspectiva; en lugar de castigarte con juicios, puedes preguntarte:

  • ¿Qué aprendí realmente este año, incluso en las situaciones incómodas o dolorosas?
  • ¿Cuidé de mí (o me descuidé) en mi cuerpo, mis emociones y mis relaciones?
  • ¿En qué momentos actué desde el miedo, la apariencia o el “qué dirán”, y no desde mi verdadera coherencia?

Cuando cambias la pregunta, cambia también la calidad de la respuesta.

El propósito del cierre de año no es alimentar la culpa, sino ganar conciencia.

La trampa de las “promesas de Año Nuevo”

Cada diciembre y enero se llenan de promesas: hacer más ejercicio, bajar de peso, ganar más dinero, emprender, leer tantos libros, dejar ciertos hábitos. Muchas de estas intenciones pueden ser valiosas, pero el problema está en su origen, ¿de dónde nacen?

Algunas resoluciones comunes vienen más de la presión social que del corazón:

  • “Todos están yendo al gimnasio… yo también debería.”
  • “Parece que si no emprendo, me quedo atrás.”
  • “Tengo que mostrar resultados para que me vean como exitoso.”

Si tus propósitos se construyen a partir de lo que otros esperan, de lo que está de moda o de lo que ves en redes, es fácil que pierdan fuerza en pocas semanas. No porque seas indisciplinado, sino porque no estaban realmente conectados contigo.

Puedes detenerte y preguntarte:

  • Si nadie me aplaudiera ni me criticara por lograr esto, ¿igual querría hacerlo?
  • ¿Este objetivo suma a mi bienestar integral o solo a mi imagen?
  • ¿Estoy persiguiendo este propósito por amor propio o por miedo a no encajar?

Metas por presión vs. metas por propósito

No todas las metas son iguales. Hay metas orientadas a satisfacer expectativas externas y metas conectadas con el propósito.

  • Metas basadas en expectativa externa
    Buscan aprobación, reconocimiento, estatus. Su energía principal suele ser el miedo a quedar atrás, a decepcionar, a no ser suficiente.
  • Metas basadas en propósito
    Nacen de tus valores, tu sentido de vida y el tipo de huella que deseas dejar. Su energía principal es la coherencia; sentir que lo que haces tiene sentido para ti.

Un ejercicio sencillo para pasar del piloto automático a la conciencia:

  1. Escribe tres propósitos típicos que sueles plantearte cada año.
  2. Al lado de cada uno, responde: “¿Para qué realmente quiero esto?”.
  3. Observa si aparecen respuestas como: “para demostrar”, “para que me vean”, “para no quedarme atrás”… o si surgen frases como: “para cuidar mi salud”, “para servir mejor”, “para vivir en paz conmigo”.

No se trata de juzgarte, sino de darte cuenta y desde esa claridad, puedes ajustar o soltar metas que no te representan.

Preguntas para alinear el nuevo año con tu propósito

Antes de hacer la lista de deseos, puede ser más poderoso detenerte en algunas preguntas profundas:

  • ¿Qué actividades me hacen sentir vivo, útil y en paz al mismo tiempo?
  • ¿Qué tipo de impacto quiero generar en mi familia, en mi equipo, en mis clientes o comunidad?
  • ¿Qué valor quiero encarnar con más fuerza este nuevo año (por ejemplo: coherencia, compasión, valentía, honestidad, responsabilidad)?

Luego, en lugar de pensar primero en “lo que tengo que lograr”, puedes preguntarte:
Si el valor central de mi año fuera X, ¿qué decisiones y hábitos lo honrarían?.

Ejemplo:

  • Si el valor es coherencia, un propósito puede ser: “Aprender a decir no cuando algo va en contra de mis valores, aunque genere incomodidad”.
  • Si el valor es cuidado, quizá el propósito sea: “Ordenar mi agenda para que mi salud emocional y física sean prioridad, y no lo último de la lista”.

Propósitos emocionales antes que solo objetivos externos

Muchos objetivos de Año Nuevo se enfocan en resultados externos: cifras, logros, cosas que se pueden medir y publicar. Eso no está mal, pero puede quedarse corto si no te preguntas en quién te estás convirtiendo mientras los persigues.

Algunas transformaciones posibles:

  • En vez de solo “leer 12 libros al año”, darle sentido a: “cultivar el hábito de aprender y reflexionar algo nuevo cada semana”.
  • En vez de “ganar X cantidad de dinero”, abrir el enfoque a: “construir una forma de trabajo más alineada con mis talentos, con mi salud y con la contribución que quiero hacer”.
  • En vez de “bajar tantos kilos”, transformarlo en: “construir una relación más amorosa y respetuosa con mi cuerpo”.

Las metas externas pueden seguir ahí, pero ahora están al servicio de quién quieres ser, no al revés.

Microcompromisos: pequeños pasos, cambios profundos

Otro motivo por el que muchas resoluciones se abandonan pronto es la lógica del “todo o nada”. Se promete un cambio enorme, rígido y perfecto y en cuanto hay un tropiezo, se suelta todo.

En lugar de grandes promesas, puede ser más realista hablar de microcompromisos:

  • 10 minutos al día de autoreflexión, journaling o silencio consciente.
  • Una conversación honesta al mes con alguien significativo, donde digas algo que normalmente evitas.
  • Un pequeño límite sano que antes no te atrevías a poner (por ejemplo, no responder mensajes de trabajo después de cierta hora).
  • Un día a la semana con un espacio no negociable para algo que nutra tu energía (caminar, leer, crear, descansar de verdad).

Los microcompromisos sostenidos construyen más transformación que las grandes promesas que duran solo enero.

Un cierre diferente – de prometerle al mundo, a prometerte a ti

Tal vez este final de año pueda ser distinto. En lugar de llenarte de listas infinitas, puedes usar este momento para escribirte a ti mismo, con honestidad.

Más allá de lo que otros esperan, pregúntate:

  • ¿Qué no quiero seguir traicionando en mí?
  • ¿Qué parte de mí pide ser escuchada, cuidada o desarrollada?
  • ¿Qué decisión, aunque pequeña, sería un acto de amor propio y coherencia este nuevo año?

No se trata de hacer más promesas hacia afuera, sino de hacerte promesas más verdaderas hacia adentro. Dejar de vivir en función de la mirada ajena y empezar a diseñar un año que tenga sentido para tu historia, tu ritmo y tu propósito.

Tal vez el mejor propósito de Año Nuevo no sea “lograr más”, sino vivir más en paz con quién eres y con la vida que eliges construir.

Si te resuena este enfoque y quieres profundizar en cómo alinear tus metas con tu propósito y tu gestión emocional, este puede ser el momento perfecto para darte el regalo de acompañamiento consciente.  Una mentoría, espacios de reflexión o herramientas que te ayuden a diseñar un año nuevo desde adentro hacia afuera.

Contáctame y hablemos.

Feliz Vida.

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Luis Alfonso Arcila Vargas

Sientete en libertad de compartirlo en tus redes.

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