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Cierra el año y, casi de forma automática, aparecen las mismas preguntas:
“¿Fue un buen año?”, “¿logré lo que debía?”, “qué me faltó para estar a la altura?”.
Muchas veces esas evaluaciones no nacen de la propia conciencia, sino de la comparación y la presión social.
Más que medir el año por resultados externos (dinero, estatus, logros visibles), puede ser más sano y honesto hacer un balance desde otra perspectiva; en lugar de castigarte con juicios, puedes preguntarte:
Cuando cambias la pregunta, cambia también la calidad de la respuesta.
El propósito del cierre de año no es alimentar la culpa, sino ganar conciencia.
La trampa de las “promesas de Año Nuevo”
Cada diciembre y enero se llenan de promesas: hacer más ejercicio, bajar de peso, ganar más dinero, emprender, leer tantos libros, dejar ciertos hábitos. Muchas de estas intenciones pueden ser valiosas, pero el problema está en su origen, ¿de dónde nacen?
Algunas resoluciones comunes vienen más de la presión social que del corazón:
Si tus propósitos se construyen a partir de lo que otros esperan, de lo que está de moda o de lo que ves en redes, es fácil que pierdan fuerza en pocas semanas. No porque seas indisciplinado, sino porque no estaban realmente conectados contigo.
Puedes detenerte y preguntarte:
Metas por presión vs. metas por propósito
No todas las metas son iguales. Hay metas orientadas a satisfacer expectativas externas y metas conectadas con el propósito.
Un ejercicio sencillo para pasar del piloto automático a la conciencia:
No se trata de juzgarte, sino de darte cuenta y desde esa claridad, puedes ajustar o soltar metas que no te representan.
Preguntas para alinear el nuevo año con tu propósito
Antes de hacer la lista de deseos, puede ser más poderoso detenerte en algunas preguntas profundas:
Luego, en lugar de pensar primero en “lo que tengo que lograr”, puedes preguntarte:
Si el valor central de mi año fuera X, ¿qué decisiones y hábitos lo honrarían?.
Ejemplo:
Propósitos emocionales antes que solo objetivos externos
Muchos objetivos de Año Nuevo se enfocan en resultados externos: cifras, logros, cosas que se pueden medir y publicar. Eso no está mal, pero puede quedarse corto si no te preguntas en quién te estás convirtiendo mientras los persigues.
Algunas transformaciones posibles:
Las metas externas pueden seguir ahí, pero ahora están al servicio de quién quieres ser, no al revés.
Microcompromisos: pequeños pasos, cambios profundos
Otro motivo por el que muchas resoluciones se abandonan pronto es la lógica del “todo o nada”. Se promete un cambio enorme, rígido y perfecto y en cuanto hay un tropiezo, se suelta todo.
En lugar de grandes promesas, puede ser más realista hablar de microcompromisos:
Los microcompromisos sostenidos construyen más transformación que las grandes promesas que duran solo enero.
Un cierre diferente – de prometerle al mundo, a prometerte a ti
Tal vez este final de año pueda ser distinto. En lugar de llenarte de listas infinitas, puedes usar este momento para escribirte a ti mismo, con honestidad.
Más allá de lo que otros esperan, pregúntate:
No se trata de hacer más promesas hacia afuera, sino de hacerte promesas más verdaderas hacia adentro. Dejar de vivir en función de la mirada ajena y empezar a diseñar un año que tenga sentido para tu historia, tu ritmo y tu propósito.
Tal vez el mejor propósito de Año Nuevo no sea “lograr más”, sino vivir más en paz con quién eres y con la vida que eliges construir.
Si te resuena este enfoque y quieres profundizar en cómo alinear tus metas con tu propósito y tu gestión emocional, este puede ser el momento perfecto para darte el regalo de acompañamiento consciente. Una mentoría, espacios de reflexión o herramientas que te ayuden a diseñar un año nuevo desde adentro hacia afuera.
Contáctame y hablemos.
Feliz Vida.
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